Era el día del padre, sin embargo amaneció fresco.
Queríamos llegar a Segovia y que mejor forma de hacerlo que andando.
Para llegar al punto de inicio de ésta, nuestra quinta etapa, decidimos llevar los coches. Uno al inicio, Valsaín y el otro al final, Segovia.
El tramo en coche es muy corto, unos 15 minutos, así que coordinamos las horas de llegada a ambos lugares y el que llegó a cabecera fue a buscar a los que habían llegado a destino para comenzar todos juntos desde Valsaín y tener un coche en Segovia esperando a nuestra llegada.
Los que salimos desde El Pardo...... eramos 50 % veteranos 50 % sangra nueva. Faustino el Magnífico y Ana la Intrépida se unieron a nuestra aventura en esa etapa. Ojala no sea la única y los tengamos en otras muchas, que son buenos caminantes y divertidos como nadie.
Empezamos con el ritual de los sellos en las credenciales. En el restaurante Casa Hilaria, que era el único abierto a las 10 de la mañana, tienen el sello del camino de la provincia de Segovia, que es muy bonito. Hay que estar un poco pendiente porque te lo ponen al revés, pero al menos te lo ponen. Salimos en dirección al río Eresma que se cruza por una presa que hay en el mismo pueblo y se sigue todo su cauce por el margen izquierdo. El paraje es impresionante.
Un camino hecho en tiempos de Carlos III para disfrutar del río y de la pesca, y por el que se camina entre una exuberante naturaleza de granito y robles, con el rumor del agua a cada paso y la belleza del entrono llenándolo todo. Lo más bonito que hemos visto hasta el momento sin duda.
El camino fue muy agradable, con una temperatura fresca que se combatía perfectamente por el esfuerzo físico y una compañía entregada a pasarlo bien y a reír a cada momento se hacen muy cortos los kilómetros.
Al llegar al embalse del Pontón se deja este paradisíaco lugar y se toma el lateral de la carretera 601 hasta llegar a Segovia.
Este tramo es poco atractivo, solo la compañía y las ganas de juerga lo hicieron llevadero.Tuvimos cánticos, polinizaciones a pelotas de frontenis, paradas gastronómicas algún intento de evacue gástrico y en un pis pas nos vimos en la entrada de Segovia.
Faustino el Magnífico se quedó en el bar donde nos esperaban unos torreznos a los que habían puesto nombre por la mañana, y nos fuimos a sellar la credencial a la Catedral de Santa María.
El paseo por la ciudad, pese a que fue a toda prisa, fue muy divertido, con las paradas típicas de los turistas y los recuerdos a Faemino y Cansado, (que listos somos los romanos) y pasar por delante de Casa Duque y no entrar a tomar un vino sabiendo que ponen unos de los mejores pinchos de Castilla.
Decidimos quedarnos a comer, pues el hambre había llegado a todos nosotros y por un precio módico de 8 € nos metimos entre pecho y espalda un cocido bastante sabroso y hasta arroz con leche tenían de postre.
Una maravillosa etapa, sobre todo por los componentes. Esta experiencia cada día nos aporta más y no termina una etapa sin que estemos ya planificando la siguiente. Dios quiera que nos podamos juntar tantos como en esta última, si no puede ser, siempre habrá un hueco en nuestro recuerdo y en nuestro corazón para todos y cada uno.
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Precioso relato Andres, cada día como las etapas te superas.
ResponderEliminarGracias, Gracias y Gracias por el blog, MAGNIFICO TRABAJO
que bonito esccribes puñaoooooooooooooooooo
ResponderEliminarMe lo paso fenomenal recordando y escribiendo. Gracias a vosotras por ser participes de la historia.
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